Veintiocho

Veintiocho

Twenty-eight, vingt-huit, ventotto, achtundzwanzig.
La edad que cumplí el sábado (en todos los idiomas que estudié/o y en los que empiezo a practicar decir este número)

Piscis -debo aclarar siempre-.

Se preguntarán el porqué de resaltar esta edad y romper con el cliché de “las mujeres odiamos cumplir años, decir la edad, y sobre todo, estar más cerca de los treinta –una década que parecer poner a nuestro género contra la pared obligándolo a aferrarse al trabajo de ese entonces de por vida, conseguir casarse con quien sea, comprar una casa que además de mantener, debe limpiar y no olvidarse de llenar con chicos que por supuesto debe criar, todo esto sin perder la figura que tenía a los 18, el pelo, las ganas de tener relaciones a diario y el buen humor. Uffff, ¿Seguros que estamos en 2017?- En fin, todavía no me toca de lleno, pero sigue siendo una edad especial… Más que la edad es el año.

Sí, antes tomaba otro color que no fuese el "cagada de fantasma" :P

Sí, antes tomaba otro color que no fuese el “cagada de fantasma” 😛


Hace VEINTE años me enteraba que dejaría de ser hija única y mi hermoso cuento de hadas se convertiría en una peli de terror (un besito a mi hermano que lo quiero mucho); me enteraba también que me sacarían del colegio al que fui desde los dos años, donde tenía a mi mejor amiga de la infancia, la cual se mudó de ciudad, de colegio y a quien no volvería a ver hasta hace dos/tres años. Hace casi 20 años estaba convencida de que odiaba el colegio al que me enviarían, pero no tenía idea de que además, unos meses después, mi primera mascota moriría. Todavía vivía mi show, escribía diarios, poesía, canciones. Me pasaba horas y horas armando en la mesa del comedor, casas y palacios con mis miles de muñequitos e ideando historias y aventuras para ellos. Pintaba cuadros, hacía manualidades de todo tipo, indagaba en la cocina, miraba Chiquititas, The Big Channel, Magic Kids, Cartoon Network, Fox Kids, etcetc. Hace 20 años mi mamá me llevaba por primera vez al cine, a ver “Anastasia” (y sería amor a primera vista con el cine); ya leía libros de misterio y de terror como ser Escalofríos, El Club del Misterio, Elige Tu Propia Aventura y hasta Sherlock Holmes. También, en ese entonces, flasheaba con Utilísima todo el verano y armé mi casa del árbol en el campo de mis abuelos, donde empecé a administrar mis nulos ahorros para comprarle cosas a la casa, entre las que no faltaron cuadernos, biromes, tazas y dulces #MeSuena #MadurarNunca. Este era el rostro de la calma antes de la tempestad…

La foto clásica en el colegio *pluma y cuaderno siempre conmigo :P*

La foto clásica en el colegio *pluma y cuaderno siempre conmigo :P*

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En casa de mi tía, con ella y mi abuela Lola <3

Hace DIEZ años había terminado recientemente el afamado colegio y estaba más perdida que carpintero en central eléctrica (?). Me había anotado para estudiar Diseño Multimedial, carrera que dejaría al poco tiempo; terminaba otra de mis fracasadas y masoquistas historias amorosas, pasaba las últimas pesadillas vacaciones con mis viejos, tenía otros días de vacaciones con una amiga y su familia, etc. Estaba más metida que nunca en eso de ser “emo” y llevar mis emociones hasta los extremos: Me teñí, me hice mi primeros piercings (algo que generó infartos del horror en mi casa), me vestía enteramente de negro y me maquillaba del mismo modo dramático… Lloraba con todas mis fuerzas, pero también me reía, soñaba y amaba de ese modo. Vivía el mundo en carne viva. Escuchaba post-hardcore, rock alternativo, punk rock, mucho acústico, todo bien bien #DramaQueen. No tenía idea de qué me deparaba la vida, iba a entrevistas laborales donde mentía sobre cómo me proyectaba de ahí a diez años; hasta que finalmente conseguí mi primer trabajo: Vendiendo ropa interior, limpiando el local y hasta el baño. Por supuesto que estaba en negro, trabajaba el doble de horas de las que duermo –e incluso más-, mis fines de semana habían desaparecido, pero ganaba mis primeros $150 semanales y me sentía Bill Gates.. Pude comprarme libros, películas truchas y originales, ropa colorinche y hasta empecé a ver a la vagancia como tal jajajaja. Hace más de diez años tenía mi primer blog (quizás ya son doce) y también comenzaba mi novela de sci-fi (que nunca terminé, pero no pierdo las esperanzas (?)).

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I must be emo (8)

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Con Galuks, ya diez años de amistad <3

Con Cami, mi otra mitad emo (?)

Con Cami, mi otra mitad emo (?)

Diez años de laburar (7 laburos fijos –varios de ellos en paralelo-, 1 pasantía, varios freelos), cinco carreras (todavía en la lucha), dos idiomas nuevos sumados a los tres del colegio, más de veinte cursos y carreras cortas que incluyeron fotografía y programación; dos años de teatro con una obra presentada, tres programas de radio, uno de ellos propio; cinco años de militancia para un partido político que soñaba llegara a la presidencia, pero no lo creía posible (y acá estamos XD); cientos de libros leídos, miles de películas y series, ¡Hasta terminó la saga de Harry Potter!* (*sujeto a cambios JAJA); otros tantos fracasos amorosos, pero lo más importante es que en esos diez años definía a mis grandes amistades de esta vida, las que importan. Estos años fui descubriendo algunos talentos y dejé de lado otros –como las manualidades y las artes plásticas-, mi escritura dejó un poco de lado lo sentimental y se torció más hacia la ficción, pero también a la crítica literaria, cinematográfica y por supuesto, a los viajes. Lo que me lleva a lo más trascendental de estos años… Encontré lo que más me motiva y amo hacer en esta vida: Viajar.

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– Lu, no cambiaste un carajo en estos 10 años entonces…

Más o menos. HOY tengo várices, estrías, celulitis, 30Kg más, una milésima de pelo, descubrí que soy alérgica a la tintura (y que soy un caso en un millón según L’oreal), casi no puedo tomar alcohol, ya no tengo a mis abuelos conmigo, pero coincido con su gran frase “los años pasan volando” y sólo puedo verlo ahora, con 28 años de golpes y caricias. Aprendí y sigo aprendiendo millones de cosas que me han hecho cambiar y espero me sigan cambiando para bien. Descubrí que hay que escuchar y observar más, pero gritonear y criticar menos. Atesoré la mejor musicoterapia del sonido del mar y la mejor aromaterapia del viento sureño. Todavía trabajo sobre eso de relajarse, ceder el control y poner la mente en blanco, pero encontré algo en qué creer, me choqué con mis vidas pasadas y unas dosis de karma, encontré un par de propósitos y cuestiones para resolver aquí y ahora y hasta entendí que esa frase tan quemada en el colegio “Carpe Diem” no era un simple chamuyo.

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Con Pauly conociendo una de las maravillas del mundo, El Calafate.

No me quiero extender mucho más, el viaje comenzó hace 28 años pero el deseo de viajar se fue volviendo con el tiempo una necesidad de vida o muerte… Viajar, sola u acompañada, en tren, auto, micro, barco, avión o zulqui, como sea, me da una inyección de adrenalina y al mismo tiempo de paz, inexplicable pero hermosa… Conocer otras historias, otras culturas, otros colores, otra arquitectura, otros horizontes, otra humedad, otras personas, otros idiomas. Viajar me cambia más que nada en el mundo porque pone a prueba todos mis aprendizajes juntos, mi calidad como persona, mi tolerancia; al mismo tiempo que rompe con mis prejuicios y me vuelve más solidaria, sociable, fuerte y hasta logra que me acepte a mi misma tal cual soy. Acá ya conté un poco de mi experiencia viajando sola.

Veintiocho. Este es el año… en el que seguiré cumpliendo mis sueños, en el que intentaré soltar la mano sin caerme al precipicio (y si caigo, confiando en que hice bien mi labor en estas últimas décadas para que los que importan estén ahí para sostenerme), en el que me juego por lo que creo y amo.

– ¿Cómo te ves de acá a diez años?
– Viajando.-

L.-

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